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La nada

Sumido en la oscuridad, no podía decir exactamente si la misión había fracasado. Respiró profundamente y evaluó su situación. Trató de encender el motor del avión. Silencio. Su siguiente paso fue intentar establecer contacto por radio.


El sonido estático que le respondió le hizo salir a explorar. Había sido su idea tratar de adentrarse en la nada, con la justificación de que podrían encontrar algo útil para aventajar a sus rivales en la guerra. Sus superiores habían accedido con la condición de que fuera él mismo quien se adentrara en el vacío.


Ni siquiera estaba seguro de que podría sobrevivir en ese entorno cuando sus pies tocaron el suelo. Era extraño estar sobre un terreno sólido, pero la negritud que envolvía todo parecía tener diferentes texturas.


Tras un largo rato explorando infructuosamente, volvió al avión para intentar establecer contacto de nuevo.


Al tocar la puerta, se dio cuenta de que el aeroplano estaba completamente oxidado. La puerta prácticamente se deshacía en sus manos. Tenía que darse prisa. Se sentó y pasó una mano por su frente para quitarse el sudor. Al tacto, se estremeció: su frente parecía también estar oxidándose.


—Aquí Charlie Tango Tres Alfa, por favor, responded. Me estoy oxidando, no sé cuánto tiempo me quedará de vida.


Por fin, una voz le contestó:


—Gracias, ahora sabemos que no podemos enviar robots para explorar la nada. La misión ha sido un éxito.


Con una mano temblorosa, tomó su pistola y disparó. Era mejor consumirse que oxidarse poco a poco.

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