Los bichos
- Jone Vicente Urrutia
- 12 sept 2020
- 2 Min. de lectura
Empezó cuando los bichos, de todas las formas y tamaños, comenzaron a salir de sus escondites para unirse en un desfile macabro hacia una esquina de la isla. Nadie sabía muy bien el porqué de tan repentina marcha, pero nadie tampoco se atrevía a interrumpirla. Los científicos jamás habían observado un comportamiento así: una conducta colectiva que incluyera tantas especies diferentes, que formara una procesión tan constante, tan segura de su destino… No. Nunca se había documentado nada así.
Uno de los entomólogos más jóvenes de la isla decidió recoger un par de ciempiés para examinarlos más exhaustivamente. La elección parecía más segura que las arañas y demás insectos venenosos que también formaban parte de la tétrica hilera. Lo que descubrió fue desconcertante: parecía como si un elemento parasítico se hubiera alojado en el cerebro de las criaturas, tomando control de todas las funciones motrices de los animales. Eso explicaba el hecho de que los bichos desfilaran, pero no la necesidad de hacerlo. ¿Qué podría querer este ente parasítico al trasladar todos los insectos a un lugar específico de la isla?
Los días pasaron rápidamente, en una carrera contrarreloj para tratar de detener la extraña migración. Nada de lo que los científicos hacían parecía controlar los instintos de los ciempiés para reanudar su camino. Nada de lo que examinaban parecía tampoco explicar esa extraña necesidad.
Una noche, el parásito ganó a los científicos: los ciempiés rompieron los cristales de la jaula que los contenía con una fuerza desmedida para su tamaño y complexión, y escaparon del complejo laboratorio. La necesidad de unirse a sus hermanos era demasiado poderosa.
Lo único que les quedaba a los científicos era seguir el interminable desfile comenzado hacía semanas.
Nada los había preparado para ver lo que les esperaba en el costado de la isla.
Nada, tampoco, había preparado a la población contra el monstruo que ahora se dirigía hacia ellos.





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